Sobrepeso

kilos

Sin ninguna duda, nuestro peso está determinado por el balance entre lo que ingerimos y lo que gastamos y… de nuestro metabolismo.
El metabolismo es la gestión que hace nuestro organismo de los alimentos ingeridos; es decir, la energía que esos alimentos suponen y como utilizarla, almacenarla, eliminarla y en este proceso interviene el sistema Endocrino. El sistema Endocrino controla, mediante la secreción de hormonas, el metabolismo y otras funciones cómo el crecimiento, la reproducción, afecta al estado de ánimo y más.
Lo curioso es que, tanto el metabolismo celular cómo el sistema endocrino están dirigidos por el cerebro y este tiene un “programa de funcionamiento” cuyo objetivo único es mantenernos con vida el mayor tiempo posible.
Pero, y aquí está la cuestión, cuando nuestro cerebro, que es quién administra nuestro metabolismo, siendo este el que determina nuestro peso; cuando nuestro cerebro detecta un “peligro o amenaza” para nuestra vida como por ejemplo una situación o sensación de abandono (un bebé que es literalmente abandonado por sus padres en la puerta de un orfanato… –elijo intencionadamente un ejemplo extremo-); ¿no sería “sensato” que el programa de supervivencia física del cerebro diese una orden al organismo para que en esta situación de emergencia garantizase su supervivencia y retenga líquidos y alimentos?

No solo podemos sentirnos abandonados cuando nos dejan en la puerta de un orfanato, claro. En la primera infancia podemos percibir esto no siendo atendidos suficiente o adecuadamente. Al crecer cuando nuestros padres o uno de ellos no está (separación, trabajo o fallecimiento prematuro, p.e). Más adelante una ruptura sentimental, despido laboral, emancipación de un hijo, ausencia de la pareja, fallecimiento de un ser significativo y más…
Siempre digo: “Sentirnos abandonados”; no es solo cuestión de ser literalmente abandonados sino principalmente lo que sentimos.
Para el cerebro no hay diferencia entre peligro real o peligro imaginado cómo tampoco percibe la diferencia entre un abandono que ocurrió siendo pequeños y qué, por alguna razón, esa sensación sigue estando activa ahora que somos adultos.

Abandono = soledad, desnutrición, desprotección
El cerebro de este individuo abandonado percibe: soledad, posible desnutrición, desprotección –peligro, inseguridad, estar perdido-; es decir que no está garantizada la protección y nutrición que natural y biológicamente proporcionan los padres y consecuentemente, el cerebro, adopta una solución de emergencia que se traduce en garantizar la supervivencia.
El cachorro humano nace inmaduro y, cómo tal, necesita de la imperiosa atención de sus progenitores para vivir. Sin esta atención muere.
Al sentirse solo, hay una situación de peligro de muerte inminente y cuando esto ocurre, fisiológicamente, nuestras necesidades orgánicas son las siguientes y en este orden de prioridad: aire, líquidos, alimentos. Dado que no hay quién suministre líquidos y nutrientes, el cerebro ordena al organismo pasar a estado de emergencia y economizar recursos. Se produce un espasmo de los canales colectores del riñón para retener líquidos.
Igualmente, al estar en peligro y solo, el metabolismo se ve afectado recibiendo la “instrucción” de intervenir en dos direcciones; por un lado acumular nutrientes ante una eventual falta de proveeduría y por otro aportar protección. Esta lo realiza mediante la acumulación de tejido adiposo/ grasas –triglicéridos- lo que aporta protección (aislante frente al frío y/ o más volumen=intimidación) y reservas de energía.

Abandono = estar perdidos
Cuando un perro, por ejemplo, está perdido, incrementa su actividad para buscar a su dueño ¿verdad?, está nervioso e hiperactivo. Pues lo humanos también. Al estar o sentirnos perdidos, nuestro cerebro da la orden de excreción de cortisol –hormona que activa el suministro de energía (glucosa) al organismo- por las glándulas suprarrenales. Sin embargo no olvidemos que es “una sensación” de estar perdidos, no estamos perdidos ni tenemos que ir de aquí para allá para encontrar a nadie…, consecuentemente esa energía no se consume por nuestro sistema muscular y la forma de procesar el organismo esa situación de exceso de azúcares –hiperglucemia- es provocando un hambre voraz…lo que evidentemente se traduce en más kilos.

Abandono = desvalorización
Cuando nos abandonan puede sobrevenir un sentimiento de desvalorización y un “mecanismo” que tiene nuestro cerebro de “solucionar” el “peligro” que supone valer menos es abultando más, siendo más grandes. El pez Globo se infla ante el peligro, muchos peces pequeños viven en cardúmenes para parecer más grandes ante los depredadores…
Es decir: Soy más grande Valgo más Menos peligro
Este mecanismo morfológico también puede responder a una necesidad de camuflaje ante el peligro, una manera de impresionar al adversario; una forma de disponer de un escudo de protección y/ o de reforzar mi posicionamiento social o familiar.

Abandono = miedo
Creo que no es necesario profundizar en que el individuo abandonado siente miedo, incluso miedo a ser atacado. Esto provoca un estado de híper vigilancia y, en este estado, la tiroides entra en acción. La tiroides secreta tres hormonas: la Tiroxina, la Triyodotironina y la Calcitonina. La primera y la segunda estimulan el consumo de oxígeno y energía y la tercera la construcción ósea. Es decir que, al aumentar las hormonas tiroideas en la sangre –hipertiroidismo- sin haber incremento de actividad, puede aumentar la demanda alimenticia, hambre, y al disminuir el nivel hormonal –hipotiroidismo- puede aumentar la acumulación de reservas de energía/ grasas al no ser utilizadas.

El Síndrome de Abandono es un ejemplo de cómo una afectación psíquica puede convertirse en una manifestación física y, en este caso, sobrepeso. También hay conflictos de imagen, de identidad. Hay Fidelidades Familiares Inconscientes que nos condicionan a “ser fuertes”, hay mensajes del inconsciente que nos impiden adelgazar, hay personas que mediante la obesidad han recibido ese afecto en forma de autocompasión que nadie les dio… (No olvidemos que el primer “alimento” que recibimos fue amor; mucho antes que los nutrientes propiamente dichos), hay personas que mediante la distribución adiposa/ grasas potencian sus “curvas” (femineidad) o su fortaleza (seguridad)… y también hay factores médicos, genéticos, ambientales y sociales que afectan al resultado orgánico y, por ende, a nuestra salud y, en este caso, al sobrepeso.

La Historia de Paula
Paula tiene 41 años, nació en Venezuela, casada dos veces, dos hijas del primer matrimonio (13 y 11) y una hija del segundo (6), vive en Malasia.
Motivo de consulta: 20 kilos de sobrepeso, 10 en cada pierna.
Tiene este sobrepeso desde el nacimiento de sus dos últimas hijas, 10 kg con cada una. Hace una vida sana y normal; come equilibrado, abundante verdura cruda y fruta, trabajo no sedentario (es maestra y va caminando al centro de estudio a unos 2 km de su casa ida y vuelta.

Investigada la vida de Paula resulta que:
Durante su gestación, su madre tiene episodios de terror y angustia (sentía que hacía viajes astrales). Proyecto Sentido Gestacional. Posibles miedos, fobias y episodios de angustia en el bebé y posteriormente el adulto.
Al año de vida, Paula es alérgica a la lactosa, harina blanca y miel. Rechazo afecto tóxico materno. Posible Síndrome de Abandono.
De niña no se sentía querida. Madre castradora y desvalorizante. Padre cariñoso y presente. Confirma la hipótesis anterior.
Hasta los 7-9 años tiene visiones de otros seres. Esta percepción desaparece (principalmente consecuencia de las críticas de su madre).
Estas vuelven en el 2004 tras su divorcio y en un estado de estrés acuciado.
A los 9 años muere su hermana menor con 4 años, “…la velaron sobre mi cama…” Paula es doble de esta hermana por fecha de nacimiento y defunción. Posible mensaje inconsciente de su madre: Síndrome “Hija de Sustitución”.
A los 9 años, precozmente según los médicos, se desarrolla cómo mujer.
Actualmente tiene visiones durante la noche. Hay dos seres, uno que la acompaña y otro que la perturba, “…me entra necesidad de volver a casa, me desequilibra…” Pérdida de rumbo. No sabe hacia dónde va su vida espiritual. Inseguridad.
Su tío abuelo materno, Juan Pedro, es asesinado por motivos políticos. Su abuelo materno, hermano de Juan Pedro, está vinculado con Paula. Tiene tres hijos a quién llama Juan Pedro y los tres mueren. Le nace una niña, luego otro niño –Juan Pedro- y la madre de Paula. Este niño Juan Pedro muere en la primera semana de 9/2013. Las dos últimas hijas de Paula nacen el 1/6 y 7/3; son dobles (vinculación psicogenealógica) del tío Juan Pedro que “reemplaza” al tío abuelo asesinado. Ante el primer drama del asesinato, un hermano del asesinado “repara” sustituyendo ese vacío emocional con su primero, segundo y tercer hijo que mueren. La memoria de este nuevo dramón -la muerte de tres hijos varones- del cual Paula es portadora viene a decir: “peligro, los hijos se te mueren, se sufre y el futuro de los Gonzalez (*) está amenazado”. Paula es, inconscientemente, sensible a esta memoria y al nacer sus hijas, doble de ese tío Juan Pedro, se activa la sensación de amenaza y repara incrementado la firmeza y resistencia ante el peligro: piernas fuertes y firmes, como torres.
Hay un tío materno, Raúl, que fue asesinado a los 22 años. Este tío es doble de la hermanita de Paula muerta a los cuatro años de la cual Paula, asimismo, es doble. Posible Síndrome de Yacente en Paula.

Con toda esta exposición vemos que en Paula se dan las siguientes circunstancias:

Estas interpretaciones son hipótesis que hay que explorar y evidenciar clínicamente. Cada uno de estos factores aporta su medida en forma de conversión orgánica que se traduce en kilos.
Todo esto lo fue entendiendo e integrando Paula paulatinamente.
Dado que lo primero que le angustiaba eran las apariciones, esas visiones nocturnas que le provocaban un estado de ansiedad e inseguridad ante el devenir; fue lo primero que trabajamos. Al cabo de un mes perdió 2 kilos.
El Síndrome de Yacente le condiciona a no vivir su vida y le resta recursos para perdonar y aceptar a mamá tal cual fue y es, tal cual le amó, con sus más y menos y por esto fue el siguiente paso a trabajar. Tras evidenciar esta memoria de Yacente no hay conversión orgánica y no varía su peso aunque está más tranquila y en paz.
Toca el turno a la inseguridad activada de manera inconsciente al tener las dos últimas hijas. Una vez abordado y trabajado pierde 7 kilos.
En Paula se afianza una Fidelidad Familiar Inconsciente en el mensaje de ser “Hija de Sustitución” de la hermana muerta prematuramente, lo que provoca un bloqueo familiar. Esa “condición” de ser fiel a su madre y ocupar el lugar emocional en mamá que la hermanita dejó, supone 4 kilos menos.
Y aquí nos quedamos. En 4 meses, desde el inicio del tratamiento, Paula ha perdido 13 kilos de los 20 que le sobraban, lo que supone que ha perdido un 65% y por supuesto que sin variar su dieta ni incrementar la actividad.
Puede que ciertos factores sigan activos, puede que necesite su tiempo para resolverlos y puede que estos factores se mantengan parcialmente mucho tiempo.
Paula ha perdido peso y también ha ganado tranquilidad en su vida espiritual. Sosiego y amor en la relación con su madre lo que le reporta paz y seguridad. Como madre se siente más plena y tranquila.
El tiempo dirá.

Claro que es importante una dieta sana, equilibrada y consciente y por supuesto que hay que realizar alguna clase de actividad física. Sin duda que la mayoría comemos demasiado y nos movemos menos de lo necesario; sin embargo, cuando intentamos controlar nuestra alimentación y no lo conseguimos, cuando hacemos régimen y ejercicio y, no solo no perdemos peso ¡sino incluso aumentamos!, cuando igual que perdemos peso lo recuperamos; en todos estos “cuándos” suele haber un factor primario de orden emocional que afecta y condiciona el resultado “kilográmico”.
Lo que nosotros vemos es la báscula y la ropa que aprieta y lo que quiero transmitir es que no nos podemos olvidar que esos kilos de más manifiestan un estado emocional de cierto malestar, de cierto estrés general o particular en todos o algún área de nuestra vida que significa que vivimos mal y somos menos felices.
¡Benditos kilos que nos avisan cómo vivir mejor!
¡Os quiero kilos pero soy más feliz sin vosotros!…Jajaja!!!

Si estáis interesados en saber más, podéis ver la conferencia completa sobre este tema en https://www.youtube.com/watch?v=5A5Pvefl9EY.

Roberto Goltzman.
Asesor en Psicosomática Clínica Humanista
PNL-Descodificación Emocional-Hipnoterapia-Hipnosis Regresiva

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